Con momentos de luz y momentos de sombra
el tiempo va pasando en su correr eterno
y aunque en la vida vana mi labio no te nombra,
se vuelve tu recuerdo con los años más tierno.
Ovillo de canciones enredado en mi oído,
fogata de esperanza por la racha apagada,
nota de la más vibrante que tembló en mi latido,
dardo de fuego vivo que me dejó marcada.
En mi barco soplaste aliento de belleza,
la palabra más noble me la dijo tu voz,
por ti ciñó el laurel sagrado mi cabeza
y el amor que me diste era llama de Dios.
Me deslicé en tu mente más sutil que el ensueño
me enlacé, liana fuerte, al árbol de tu vida,
y en un rincón del alma, a pesar de tu empeño,
callada y dolorosa me llevas escondida.
Te envuelvo en el silencio y en el pecho te oprimo
tu presencia no advierte la mirada curiosa
¿Quién se acuerda del tronco al morder el racimo?
¿Quién de la tierra oscura al contemplar la rosa?
¿Cuál será la verdad del rostro indiferente?
¿Hasta dónde se adentra la raíz del amor?
En la flor de mi verso perfuma tu simiente
y el que prueba mi vino encuentra tu sabor.
CLAUDIA LARS.